Libro “POESÍA ESENCIAL” de Ernestina de Champourcin. Colección Obra Fundamental, Fundación Banco Santander. Un grato hallazgo místico para descubrir al movimiento literario de las sin sombrero

Estamos ante una poetisa excepcional y con una obra muy interesante dentro de la generación del 27. Para empezar por algún intervalo, decir que se aprecia en su obra la influencia del surrealismo, de poetas como Jorge Guillén y Louis Aragón...Y a continuación he de decir que la palabra clave para ubicarla en su mundo lírico es: misticismo. Ernestina, para ella Dios es la Belleza. Y cuando experimenta misticismo lo hace más escribiendo poesía que rezando. Se relaciona con Antonio Espina, Valdeavellano, Jarnés, Pérez Ferrero y, a través de la revista Transition, accede a “muestras de prosa liberada” que también ella intenta ensayar. En lo relativo a su vida no puede ser más concisa y escueta: “Nací en Vitoria el 10 de julio de 1905, este es el único dato real y esencial de mi biografía. El resto es … literatura, y no de la más amena”. Lo único que salva de su biografía son su “infancia” y su “adolescencia” que “constituyen”- aclara- “el ciclo verdaderamente intelectual” de su existencia. Omite pues, toda alusión a su familia, a sus viajes, a sus estudios y a su sólido conocimiento del francés y del inglés, así como al de la poesía escrita en dichas lenguas que- a diferencia de muchos de los otros miembros de la generación del 27- conocía pero que muy bien. Recibe el influjo del monje Thomas Merton, de San Juan de la Cruz y del Opus Dei. Según el estudio de Lorraine Hanley, “Dios y el amor” son los ejes centrales de la novela “La casa de enfrente”. Gustavo Nanclares analizó la novela “Mientras allí se muere”. A esta autora también se la puede relacionar con Altolaguirre y Gil-Albert. Según declaraciones de ella “Dios y Poesía son dos cosas inseparables al menos para mí”. De ahí que su escritura ya no opere sobre patrones procedentes de distintas corrientes, sino que sea consecuencia directa de su electrizante brote interior. Su obra ahora ya no tiene bloques o partes, sino instantes de un todo que ella identifica con Dios. Hay tres fases: Adaptación. Crisis. Encauzamiento del sentir religioso. Y se trata de un exilio interior. Abordando, al mismo tiempo, las páginas como si fueran muros transparentes. El simbolismo en ella y en todos los de su generación se inicia y se va transformando con falta de tiempo, en los años 20, llegando a encauzarse gracias al aire fresco del neorromanticismo en los años 30. Tras su exilio de México viene la conciliación entre sus dos amores, el humano y el divino, antes enfrentados. Según Ascunce hay una plasmación formal de lo transcendente a partir de la contemplación de lo concreto; los poemas oscilan entre lo lúdico y lo sagrado. Por último, Ernestina se refugia en el consuelo del arte y queda visibilizado en el poema titulado “Van Gogh”. Fuente consultada : introducción escrita por el filólogo Jaime Siles, “Ernestina de Champourcin casi desdibujada” y “Poesía en tres - ¿o en cuatro?- tiempos”.

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