Wilt no se aclara, de Tom Sharpe. Carcajadas servidas a la inglesa
Henry Wilt es el protagonista que escogió Sharpe para hacernos reir. Es un profesor de una escuela politécnica y de forma de ser es una mezcla entre el inspector Gadget y Homer Simpson.
Hacer reir es mucho más difícil que
hacer llorar o pasar miedo. Los clowns, esos de la nariz roja buscan
siempre un contrapunto. Un sparring en boxeo. El protagonista asesta
golpes y mamporros a tuttiplé, escudados en lo absurdo, el sexo y el
hacer leña del árbol caído, es decir, humor negro. Y la mujer,
Eva, es un mastodonte que arrasa con todo allá donde va.
Una
buena combinación: un tipo de aquí me las dén todas y una pareja
que lo pone en su sitio o lo mata por absorbente. Bueno, … lo de
absorbente me refiero a que es la típica madre que hace y deshace
todo sin dejar de abrir la boca a diestro y siniestro, es decir dando
la lata siempre.
Tom Sharpe sabe escribir bien porque no se zambulle en un lodazal para buscar la comicidad sino que, recurre a un planteamiento sencillo y austero. Wilt se va en las vacaciones a desconectar andando por la campiña inglesa y, Eva con las cuatrillizas agarran el avión y van a ver a sus tíos podridos de dinero en EE. UU.
Eso es todo lo que hay que hay en el escenario. A partir de ahí el clown, mimo, payaso o Chapulín colorado que hacía teatro puro y duro han de hacer reir.
En papel es más difícil hacer reir creo yo, el libro Te quiero personalmente, del Gran Wyoming es una gozada y cada vez que lo reléo me parto de la risa. El anzuelo usado es el tema tan manido y socorrido del sexo.
Se podría hacer humor de la historia!! Claro, los Monthy Pyton. Pues deducí ahora, al escribir que se emplea una base seria para ponerla al horno y aderezarla con múltiples adornos que son siempre lo que se ha de estudiar concienzudamente o de forma espontánea si es que tienes talento de humorista.
No quiero destripar el contenido del libro ni hacer spoiler porque no hay nada más anti-cómico que explicar el porqué un chiste hace gracia. Ojo! No le quito atractivo ninguno al libro excepcional que escribió Freud sobre el humor. Ja, ja, ja, me estoy acordando que le escuché decir un día a una profesora de hstoria del diseño gráfico que había alumnos que decían Froiz al célebre psicoanalista. ¿Ven? Eso es humor, lo sutil, lo espontáneo...
Y Tom Sharpe llena las 259 páginas que se leen rápidamente de eso. De giros y múltiples vericuetos
que te hacen estar alegre continuamente, sonreir a menudo y reirte algunas veces. Sin poder evitarlo.
Para los que no tenemos ese don es muy tentadora la idea de psicoanalizar una comparativa de Mr. Bean, que también hace humor inglés, Tom Sharpe, Faemino y Cansado- aportando nuestro granito de arena-, Bennie Gill y todo ello confrontarlo con el mimo de Marcel Marceau.
Veríamos que a cámara lenta es una reducida cantidad de herramientas las empleadas por todos ellos y que, se valen de “engañarnos” como hacen los magos para arrancarnos las risas.
Está claro que Tom Sharpe se las ha visto y ganó el combate ante el dilema de se rien de ti y no contigo. ¡Cuanto más en literatura!
Como prueba o testimonio de que hace sucintamente el correcto uso de la inclusión de la policía, de los agentes de la DEA, del sheriff y demás ingredientes que “suben “ como el alcohol una bebida, quiero decir que en ningún momento de la lectura del libro te viene a la mente lo de decir esto sobra , esto me lo salto. Es muy importante este detalle, Pues, te podrá gustar o no el humor de Sharpoe pero, dejando a parte que para gustos pintan colores, este libro tiene el mérito de que no le sobra nada y que no hay paja.
Como colofón a este comentario decir que yo haría un spin-off de las cuatrillizas, menudos “angelitos”, más se parecen a lo del niño que anda con el triciclo en El resplandor de Jack Nicholson.
Los extremos se tocan y estoy seguro de que Tom Sharpe también lo tiene en cuenta esto. Sabe salirse muy bien por la tangente ante lo de qué pongo en boca de cada una de las cuatrillizas? Por ejemplo.
En definitiva: un libro con un buen andamiaje que te hará pasar un buen rato.
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