Pippi Calzaslargas, una niña fuera de serie

 

Pippi cuenta trolas a cada cual más gorda a una niña que ve en la calle, y cuando la niña se va asqueada, le dice que todo es mentira.Y se sorprende de que los niños se dejen engañar fácilmente. Después trepa a un árbol y se cuela dentro de él por un agujero pues, está hueco. Dice que no se puede salir, pues se quedará hasta que se jubile ahí dentro.

La libertad, estando atada a ser impertinente y la manipulación de las coordenadas de la vida como son la duración del tiempo y el hambre ( que un niño puede pasar sin comer desde mayo a octubre) hacen de su figura una estrambótica y una adalid de lo irreverente e impertinente.

Con la mentalidad transgresora de los niños y la inocencia al mismo tiempo, tan pura hace sacar carcajadas de donde el absurdo es al 100%. Porque los niños, que son los que “menos saben”se creen fácilmente los amos del mundo. No hay mayor placer que vivir en la estupidez ignorada. Por lo menos para reir. Esto es lo que opinaría un pesimista. Pero en el comportamiento de Pippi hay una lucidez desbordante pues, no hemos de olvidar que se trata de una niña.


Con un lenguaje directo e incisivo, se nos muestra a una niña de unos doce años que, se podría decir que tiene varios dones: es muy fuerte y tiene una capacidad extraordinaria para hacer frente a todos los problemas que le supone, a una niña que vive sola, la vida. Hace gala de un humor y una bondad histriónicas y, tiene como amigos a un niño y una niña de más o menos su misma edad.


Es capaz de levantar un caballo en brazos y, en sus historias se puede decir que adopta el rol de héroes de películas de acción, como Bruce Lee, Chuck Norris o, Charles Bronson pues lo fundamental que describe a esta niña es que ella vive en su mundo y actúa, enseña las garras cuando ha de luchar contra la injusticia.

Una cosa que me parece que le falta es que no hay en sus historias, ni rastro de quién es su madre.

Su padre, cayó al mar desde un barco, y llegó como náufrago a una isla poblada de caníbales. Y se hizo rey de ellos. Estas historias tienen similitudes pragmáticas con las obras de Michael Ende, como Momo, por ejemplo.

Hay que decir que esto se debe a que ambos autores, Astrid Lindgren y Michael Ende, son de los mejores escritores mundiales en literatura infantil. Aunque parezca fácil, la escritura para niños es muy complicada de realizar. Actualmente los dibujos animados como Bob Esponja o Pocoyo, creo que han perdido la magia y el encanto de los dibujos de antaño, como Rui, pequeño Cid, o David el Gnomo. Se ha de poder mostrar a los niños ciertas cosas malas de la vida pues, han de entender que el mundo no es todo bondad y color de rosas. Con un mensaje positivo, eso sí. Pero que los niños puedan discernir y reflexionar.

Leer a Pippi es encantadoramente bonito pues tiene la virtud, el libro, de que la protagonista resuelve los problemas de la gente como una heroína, y ayuda al desvalido y hay una secuencia que ilustra muy bien lo que quiero decir: Pippi salva a Tommy de que se lo coma un tiburón: agarra al tiburón de la cola y lo saca del agua. Como el animal fuera del agua se ahoga, Pippi le hace prometer que dejará en paz a Tommy para siempre. Después lo vuelve a echar al agua. Y Tommy tiene sólo una herida. Pippi se sienta en la roca y se pone a llorar. Entonces, un niño indígena le pregunta por qué llora y ella dice que lo hace porque no pudo darle nada de comer al pobre tiburón. Una soberbia dulce y afectuosamente tierna. Es de otro planeta, símplemente.


La estructura narrativa del libro es parecida en el proceso al trabajo preparatorio de un clown para actuar.

Se entiende también que la mente de un niño enlaza cosas por afinidad. Que tiene mucha bondad. Y que personifica objetos y todo con lo que se interrelaciona, adoptando una postura maniqueísta.

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